Hombre. Crisis masculina, certeza femenina
“Cuando en el mundo reina la confusión,
los sabios se contentan con vivir para sí.”
Chuang-Tzu
Filósofo chino.
Año 300 aC, aproximadamente.
Recientemente, una consultora especializada en marketing con foco en la mujer presentó un estudio sobre qué quieren ellas. El que estuvo orientado hacia lo “económico y comercial”, pero que permite una aproximación a “mentalidad de genero”.
Género rústico
Si bien el hombre fue “cuanto más feo más hermoso”, ahora se pretende “bonito”, débil. El varón cambió del sujeto trabajador, responsable, disciplinado, desconsiderado con la mujer, vulnerable y agresivo, insuficiente y activo sexualmente, al hombre “light”. Y si bien valora su “componente femenino” carece de una visión certera de su futuro.
He aquí la crisis: el hombre no sabe lo que quiere. Y cuando se inclina por una mujer fuerte, es sospechable que simplemente se trate de un desafío a su pasividad.

Género cierto
Lo que ellas quieren sí lo saben y lo demandan. Por esto, critican la lógica funcional predominantemente masculina de la mayoría de las empresas. Lo que permite inferir que si “las empresas no saben tratarlas o escucharlas…” ocurre porque el hombre es quien no sabe.
Las empresas paradigmáticamente masculinizadas, tuvieron la peor aceptación: 30 por ciento, para automotrices, bancos y aseguradoras.
Entonces…
Si bien hemos superado el falso supuesto de igualdad (pese a ciertas posiciones arcaizantes), ya que mujeres y hombres son de diferente naturaleza pero compatibles, aún resta la superación de cierta “envidia mutua”. Se impone que ambos retengan la individualidad sin subordinación al otro a costa de la potencialidad del propio desarrollo.
Quizás la opción esté en la “androginia” atenuada, o no fáctica, esté en la fortaleza de lo “suave y lo fuerte”, de la mujer y del hombre. La evolución posible llegaría por el camino de la comprensión del “rol a desarrollar” por cada uno en su existencia particular. Lo que posibilitaría ser “hombre débil” sin que resulte despreciable. Y ser “mujer fuerte” sin llegar a la confusión del “marimachismo”.
Entonces, tanto la crisis masculina como la certeza femenina están en un proceso de evolución permanente. No deberían ser consideradas como status quo definitivo. Crisis es oportunidad, y “podría ser homologada como del orden de lo femenino”. La certeza implica “cierta rigidez”, que sería no solo un dato “viril” sino, además, insostenible.
Ricardo Duró
Periodista y ensayista
(1) Se refiere grupos de amigas ABC1 de 25 a 55 años, que fueron quienes participaron del estudio, realizado en el área metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires, quizás repetible en las grandes ciudades hispanoparlantes de IberoAmérica, como Barcelona, México o Santiago.

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