Consumismo: ¿new religion o infantilización?
Los “shoppings” no son nuevos. Sí parece serlo el “espíritu” de sus visitantes actuales. Demos por válida la tesis de Zygmunt Bauman y presentemos una versión libre: el consumir es el “molde” que nos exhala formateados y aptos.
Estamos ya todos en forma para circular en estos espacios en los que el paseo muta en nuestra entrega a los objetos en venta. Entre luces e imágenes omnipresentes, los productos no cooptan. Y rápidamente intentamos complacerlos en su ofrecimiento: pedimos un ticket por la compra. Aunque posteriormente veamos que la satisfacción tiene rápida fecha de vencimiento.
El dato “religante” lo podemos observar si recordamos que religión viene de religare, algo así como volver a unir. La Real Academia dice: “Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto”; y agrega: “Obligación de conciencia, cumplimiento de un deber”. Y este último dato es fundamental para comprender nuestro comportamiento social sistemáticamente intervenido.
La noticia
Sí, ha crecido el paro en España durante 2007: está en el “el 8,6%, la (cifra) más alta desde el primer trimestre de 2006”. Pero es como en América Latina, a cada cual, según su poder adquisitivo, nos esta dado el producto vigente en forma accesible.
Y en Argentina, por ejemplo, ha disminuido la desocupación. Así informó la Presidencia de la Nación en la persona de Cristina Fernández, quien dijo que “se ubicó en el 7.5% en el último trimestre de 2007”. Pero… el consumo crece en todas partes. “El valor supremo de nuestra época es poder comprar”, ha expresado la socióloga Ana Wortman, titular de la cátedra Sociedad de consumo, de la Universidad de Buenos Aires. A lo que se puede sumar lo dicho por el investigador y profesor de ética, sociología y teoría psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, José Manuel Marinas, quien sugiere que estamos atrapados por un proceso de fetichización. Resulta que, como se expresa en la nota publicada en el diario La Nación de la Argentina, frente a nuestra existencia con finitud, hoy nos pretendemos “un producto que busca extender su fecha de vencimiento”.
Es aquí donde se refleja la “obligación de conciencia, cumplimiento de un deber”. El estar siempre perfecto (casi el “sed como niños” en versión banal), el estar apto para las cámaras de televisión o para la exigencia de los paparazzis, impera en nuestra conciencia: solo debemos cumplir con nuestro deber de estar “divinos, re fashion”.
¿Será el catálogo de color de ojos, el del perfil del automóvil o del volumen de botox que consideramos “desable” nuestro nuevo evangelio? Como afirma Marinas: siempre debemos estar “comprables”.
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Otra vez Marinas: “los niños desarrollan, más que erotización, una especie de ‘adultismo’, y a los adultos se nos prohíbe envejecer y morir”. A lo que agrega “y ahí están quienes intentan convertir su cuerpo en algo fascinante, que nunca se deteriore, algo que no se reconcilia con la fragilidad humana”.
Pregunto: ¿sed como Dios o como niño? ¿Eterno en lo todopoderoso o eterno en la inmadurez y la fragilidad?
Lo aseguran las investigaciones: uno de los rasgos significativos en el consumo “del segmento infantil es que no hay grandes diferencias de comportamiento entre los niños chinos, argentinos o norteamericanos”… Tampoco con los españoles.
Lo sabemos. La mundialización, que deslocaliza la producción y el delito, hace lo propio con los comportamientos, lo que es un efecto de la homogenización expandida a gran escala.
Conclusión
Somos como niños frente a la oferta que supuestamente puede satisfacer nuestra necesidad, en cualquier paseo de compras de Madrid o Sigapur. Aun cuando no conocemos nuestras necesidades, sino que las “hemos adquirido” como propias en el momento en que “esa oferta dice que nos satisfacerá”. Al estilo de lo que expresaba Jean Baudrillard (“cuando todo es arte, el arte desaparece”, en su obra Las estrategias fatales), podría decirse que “cuando algo promete satisfacer, la satisfacción sigue pendiente”.
Esto es como la esperanza de un mundo mejor, de un paraíso habitable, de una vida plena… Sigue ausente.
¿Nueva religión o infantilismo?
Ricardo Duró
Periodista y ensayista
Fuentes:
www.eldiarioexterior.com
Diario La Nación de la Argentina

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