Después de la oferta de diálogo hecha por Barack Obama y de la contradictoria respuesta encontrada en
La Habana, delegaciones de Estados Unidos y Cuba mantuvieron ayer un primer encuentro “informal”
Obama ha resaltado la necesidad de olvidar los debates del pasado y centrarse en el futuro de las nuevas relaciones entre EEUU y América Latina. Ha apostado por el respeto mutuo y la voluntad de acercamiento. Ademas que reconoció que las relaciones entre ambos países han estado marcadas por “décadas de desconfianza“, aunque dijo que era momento de poner fin a esa situación y de pasar página y, en ese sentido, recordó Washington ya levantó a comienzos de semana las restricciones de viajes a la isla, pero eso parece ser sólo el principio. El presidente norteamericano insta a una nueva colaboración en el continente. ha asegurado, “no he venido aquí ha hablar del pasado” en cuanto a las relaciones con América Latina; también en el plano de la crisis económica apuesta por el futuro para buscar una nueva prosperidad y luchar contra la situación actual.
Fuentes oficiales norteamericanas confirmaron la reunión, advirtiendo que ya en años anteriores se habían producido contactos de este tipo sin éxito y que no existen garantías de que tampoco ahora se puedan obtener los resultados que
la Administración estadounidense busca.
El clima político actual, no obstante, ha permitido esta vez albergar más expectativas sobre una normalización de las relaciones entre EE UU y Cuba, especialmente después de la invitación al diálogo hecha por Obama en la reciente cumbre de Trinidad y Tobago. La reunión celebrada en la sede del Departamento de Estado, en el centro de esta capital, entre delegaciones de nivel intermedio de ambos países, trató sobre diferentes asuntos de interés regional, aunque no se informó oficialmente sobre resultados concretos. Antes de esta cita, hubo una reunión preparatoria el 13 de abril.
La Administración norteamericana intenta ser muy prudente sobre el alcance de esta nueva política de acercamiento a Cuba. “Se trata de intentar, si es posible, desarrollar una relación seria, civilizada y abierta, pero este asunto de Cuba puede llevar mucho tiempo y puede no funcionar”, declaró un alto funcionario citado por el diario The New York Times.
Washington se sintió estimulado por las primeras reacciones formuladas por el presidente cubano, Raúl Castro, sobre su disposición a “hablar de todos los temas”. Pero esas declaraciones fueron matizadas la semana pasada por Fidel Castro, a quien todavía se considera una fuerza poderosa dentro del régimen pese a su enfermedad, en el sentido de que las palabras de su hermano habían sido malinterpretadas.Obama ha repetido en varias ocasiones que el objetivo de un posible diálogo con el régimen cubano es la consecución de un sistema democrático en la isla. Pero ha advertido que no espera que eso ocurra de la noche a la mañana y que está dispuesto a negociar mientras tanto otros asuntos de interés común.Entre esos asuntos, Washington incluye la mejora de las comunicaciones entre los dos países y un incremento del intercambio cultural.
La Habana ha condicionado hasta ahora cualquier aproximación al levantamiento del embargo económico que rige sobre la isla desde hace casi medio siglo.
Si esa condición impide ahora el progreso de los contactos iniciados ,
la Administración norteamericana tendría que decidir si ofrece unilateralmente nuevas pruebas de buena voluntad o esperar hasta obtener gestos recíprocos procedentes de
La Habana.
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